¿Alguna vez te has enamorado? - El último adiós.


Nunca voy a olvidar tu ruego. Las lágrimas que rodaron suavemente por tu mentón, hasta caer al suelo.

Me reclamaste que no eras un monstruo y solté una risotada floja, porque, aunque no quería creerlo, el monstruo era yo.

¿Cómo iba a abandonar a la persona que más quería?

Me siento un descorazonado que se ha burlado de ti; ilusionándote con atardeceres, abrazos sobre la cama, con todos mis besos que no se acaban, pero nuestra historia llegó a su fin. Tan intensa y tan abrupta. ¿Acaso no nos quedara más que silencio tras la llamada? Y quisiera que no fuera cierto, pero ya lo ves, la vida es así.

Y no necesitas apuntarme con el dedo y reclamarme cada una de las promesas que no podré cumplir, que, antes de dormir, enumero todas y cada una de ellas, como las cuentas de un crucifijo, rezando para hacértelas realidad. Sin embargo, me perdí en esta religión de mierda. Y te juro que solo quiero llorar.

Tal vez digas que me lo merezco, cuando solo quiero liberar el dolor y dejar respirar la herida. Debo dormir con el sufrimiento y dejarme embelesar con su exquisita amargura. Pero no me niegues del cobijo. El perdón que podría liberarme de esta agonía, ¿o acaso es justo vivir en la miseria de este desamor?

Me siento perdido. Me ahogo en este desvelo que persiste, incluso cuando abro los ojos.

De corazón, quisiera que sigamos siendo los dos contra el mundo. Y, de alguna manera, lo fuimos. Pese a que ahora solo parezcan momentos y palabras vacías, fuiste mi compañero en este mundo tan cruel y mezquino. Y me rompe el alma escucharte decir que ya no queda nada, cuando hace unos días lo fuiste todo. Mi horizonte y mi tesoro. Lo más preciado que esta vida me había concedido. Pero, de pronto, me veo en la obligación de despedirme y, sin tu consentimiento, susurrar un adiós.

No sé si algún día lo entiendas, cómo es que nos queremos tanto, pero no podemos continuar. Me lo sigo cuestionando, si acaso será una prueba de voluntad.

Quisiera que no llores y que no cargues con el peso del dolor. Naufragando en un mar de lágrimas.

Seguir es inconmensurable, pero, cómo podría rescatarte. ¿Cómo seguir siendo tu súper héroe? Si yo también estoy hundiéndome en el mismo barco, del que nos estrellamos a toda velocidad.

Solo espero que me puedas perdonar.

Siento que viviré eternamente con las palabras que no pude decir anoche, porque lo único que quería hacer era correr a tus brazos y sentir por última vez tus caricias, que ahora y siempre serán desconocidas.

Solamente te quería pertenecer.

Mi amor, mío, mi amado, son tantas las preguntas que me acechan y que no van a tener respuesta. ¿Esto es todo lo que fuimos? Me preguntas entre sollozos. Preguntas sin respuestas, nada más.

No puedo dejarte ir, pero tengo que hacerlo. Me lo dice mi corazón a gritos, que este amor entre tú y yo no es para nada bueno. Y cómo podría serlo. No bastan las promesas y las buenas intenciones, para que las palabras llenen el vacío. Y solo nos quedó el silencio.

Solo diré que te quiero… perdón, ya no…

(Se corta la llamada).

Comentarios

Entradas populares