Crimen y castigo.
Una sonrisa traicionera insignia de nuestras risas cómplices, pasada la medianoche fuimos culpables en la hora maldita de cada uno de los crímenes que cometimos urgidos por la necesidad del hambre y la glotonería, las ansias de tener tu carne y devorarnos despedazarnos en la agonía, pero cerré mis ojos a la verdad. ¿Podrías haber sido más gentil cuando me clavaste con tu puñal? Y ahora solo escucho tus reclamos y me apuntas con el dedo, andas pregonando que soy yo el villano y me exiges y me pides cuentas de la inversión que perdiste, pero como tu socio también me quedé en bancarrota y subimos la apuesta a costa de inseguridad, sin duda nos merecíamos el uno al otro. Que este amor nos acabe, hasta el final. Ya no tengo nada en los bolsillos, solo un montón de sueños vacíos. Tras las rejas de una ilusión, conspiro dejo que me sigas pasando, volviendo a atravesar por el corazón y quisiera ...
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