Recuérdame, por favor.
Recibí tu mensaje en la mañana, nada muy especial, solo la misma pregunta que respondo con la respuesta de siempre. Aunque pensé que me mandarías uno de esos vídeos que estás tan empeñada en que vea. En fin, otra decepción. Pero, igual los veo todos y cada uno de ellos, porque sé que me dedicaste un segundo de tu tiempo. O, quizá, solo fui otro de ese puñado de amigos a quienes les compartes el mismo contenido. Y me cuestiono. A veces creo que se trata del propio paso del tiempo, como una evidencia de que me voy poniendo más viejo. Pero quiero pensar que es un atisbo de sabiduría, de la experiencia que se me revela, como el más custodiado de los secretos. Luego pienso. Y sigo pensando. Y también me quedo recordando. Cuando nos sentamos juntos por primera vez, solía desconfiar del mundo y su falta de ternura, hasta que conocí amigas que me sostuvieron y fueron el refugio perfecto. ¿Será justo el consuelo de esos recuerdos? Sin embargo, silencio no es lo que te mereces por sost...
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