¿Alguna vez te has enamorado? - Siéntelo.


¿Por qué lo ocultas? Aunque se pueda ver a vista y paciencia de todos. Lo guardas y contienes en una caja, como si fuera el tesoro más preciado, pero te está destruyendo por dentro.

Déjalo libre. ¿O acaso sería tan impertinente dejar el río fluir?

Si fuera una tormenta interminable, ¿lo conservarías como un recuerdo? Un pétalo seco dentro de las páginas de un libro viejo, esperando, aguantando mi pesar bajo la sombra del sauce llorón.

Ya no puedo conciliar el sueño, ni la pastillita de la felicidad hace efecto. Y vivo refugiándome en sueños que se tornan pesadillas de las que no es fácil escapar. Entonces, ¿sería mejor aguantar? Aguantar y seguir soportando, me digo de frente al espejo, aunque no lo quiera ver ni escuchar. Y de mí, al final, ya no quede nada más.

Aunque sea imposible, tal vez podría encontrar un lugar apacible, entre todo el murmullo de la ciudad, y respiraría profundamente escuchando los cánticos que resuenan por mi cuerpo, distante de todo pensamiento. Sería como un pajarito cantor que vuela abriendo el cofre de emociones reprimidas y que están ansiosas por salir. Y, tras liberarse, todo podría venirse abajo. Se derrumbaría el castillo de naipes. Dejaría que explote la fragilidad oculta tras cada lágrima que se seca al anochecer.

Llora, si quieres llorar. Implora que te dejen llorar, para que duela hasta que deje de doler. Porque no hay mal que dure cien años, ni tempestad que no puedas enfrentar.

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