¿Alguna vez te has enamorado? - La dimensión desconocida.


Ayer te vi cruzando la calle. Llevabas esa típica sonrisa tuya, tan casual, tan desenvuelto. Pero no esa de pocos amigos, como cuando estás disociado o frunciendo el ceño para seguir la lectura, sino esa sonrisa que conozco tan bien, esa misma que expresas cuando recibes una buena noticia.

En el momento en que te vi, me escondí tras del poste. Tal vez, tampoco habrías notado mi presencia. Si no estaba frente a ti ni notabas mi ausencia.

Pensé que estarías tan desanimado como yo, tratando de llenar el vacío que te dejó la falta de mí, después de esa tarde de una tonta pelea que no sé ni cómo empezó. ¿Y acaso todas las peleas terminan así? Tras una llamada y ya está. Luego, muertos de la risa, olvidando por completo el motivo de toda la discusión.

De seguro que fue algo tonto, como cuando me dijiste, medio en broma, medio en serio, que te estaba raspando con mi barba cuando te estaba comiendo a besos. Y, sin pensarlo dos veces, te empujé y me juré que nunca más iba a tocarte con mis labios, pero fue la más grande de las mentiras. Un momento que se fue y, después, me agarraste con fuerza para comernos hasta hartarnos.

Confieso que era un adicto. Solo quería probarte lenta y suavemente, como un embeleco.

Tus besos eran mi premio tras aguantar un largo día de mierda. Tus abrazos y miradas cómplices fueron lo más tierno y familiar de este mundo. Por esa razón me duele que cruces la calle, nos evitemos y omitas mi existencia.

Terminamos igual que como empezamos. Nada más que dos desconocidos que habitan el mismo planeta y respiran el mismo aire. Mirando el mismo cielo. Brillando bajo la misma estrella y bailando al filo de los astros.

Me duele verte pasar todo resuelto y casual, como si lo nuestro no hubiera existido. Como si yo no hubiera pasado.

Comentarios

Entradas populares